274180862 10160518798596318 3554556718334393128 nEn un mismo día caí de culo dentro de una media bañera y tuve que pedir ayuda porque quedé encajada, cerré la puerta del armario con el pulgar izquierdo dentro y tropecé con una de las piedras de pizarra y ahora la uña de uno de los dedos del pie luce pintada de negro.

Será que Mercurio, en su retroceso, confundió mi cuerpo con una computadora y recibí en ese día un extra de cortocircuitos tecnológicos.
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Uno de los vecinos de la aldea en su camino al trabajo nos ofrece sus más ilustres pensamientos. Si tuviera un hijo yo ya le daría el móvil desde la cuna, dijo un día. Carles quiso explicar el impacto tan brutal que los smartphones tienen en la salud mental de los críos pero ya se había ido calle abajo. Otro día mirando la piedra donde reza ‘Free Palestine’ dijo, te lo tengo que decir, eso perjudica vuestro negocio, mejor lo quitáis. Me levanté y mientras balanceaba su cabeza le di una segunda capa de pintura blanca a cada una de las letras para resaltar aún más el mensaje.
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Hace unas semanas que escucho historias sobre silencios. Silencios personales, familiares y colectivos. Esa clase de silencio que se genera tras la frase ‘De eso no se habla’. Durante un tiempo creí aquello de que lo que no se nombra no existe porque hay silencios heredados que hacen desaparecer los hechos del plano real. Ahora me sumerjo en la búsqueda de los propios para romper esos tupidos velos con los que un día se cubrieron con una ignorante inocencia.
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He solicitado la baja de Spotify por apoyar el genocidio que está viviendo la población palestina y ahora busco los dátiles medjool marroquis. He optado por silenciarlos a ellos. Ayer recibimos una reserva con una estrella de David en su bandera y esta mañana entró su cancelación por incumplimiento de la hora del checkin. En esta ocasión no tuve que preguntar la contraseña para abrir la puerta de casa, porque The Pilgrim Stone es más que un negocio, es hogar, es nuestro hogar.