El tren bala nos colocó en la Kyoto Station y el bus en un barrio tranquilo de casas tradicionales.
Recargamos energía recorriendo los templos milenarios repartidos por la ciudad, los jardines zen, saboreamos su excelente gastronomía, saciamos la sed con refrescantes craft beers y aprendimos sobre las maikos y geikas. El omikuji del templo predijo suerte inestable para estos días. Mejor mantenerse en calma y sin prisas.
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Almorzamos en una casa familiar en Nara y la señora me regaló unos calcetines. Los ciervos sagrados que campan libremente por el parque son alimentados para conseguir fotos. Se han vuelto obesos y han perdido la capacidad de sobrevivir por sí mismos aunque lo importante es mantener la tradición, y el reclamo turístico. Nos refugiamos en unos jardines cercanos abundantes en paz mental y soñamos con el fin de la explotación animal.
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Un silencio nos atrapó y casi perdemos el tren que nos llevaba a dormir al templo del tigre. La cena fue tan rica como variada. Escribimos nuestro deseo en una tablilla de madera que luego quemaron en la ceremonia del fuego. La lluvia ofreció un concierto en el desayuno y estrenamos futon y yukata, al más estilo tradicional. Practiqué la meditación Asokukam con un monje y recorrí un camino sumido en la más estricta oscuridad donde encontré una mariposa y me reconocí.
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Una mañana paseamos por el Templo de la Victoria en Osaka, la casa de los Daruma, los que ayudan a conseguir lo que deseas. Desplegué el papel de su interior y el I Ching sugirió esperar a que aparezca una solución natural. En el tronco del árbol de hojas rojas dejamos nuestro daruma para formar parte de las miles de historias de esperanza y perseveracion que inundan este templo. Otro se vino en la mochila con ganas de entablar amistad con The pilgrim stone.
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Almorzamos en una casa familiar en Nara y la señora me regaló unos calcetines. Los ciervos sagrados que campan libremente por el parque son alimentados para conseguir fotos. Se han vuelto obesos y han perdido la capacidad de sobrevivir por sí mismos aunque lo importante es mantener la tradición, y el reclamo turístico. Nos refugiamos en unos jardines cercanos abundantes en paz mental y soñamos con el fin de la explotación animal.
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Un silencio nos atrapó y casi perdemos el tren que nos llevaba a dormir al templo del tigre. La cena fue tan rica como variada. Escribimos nuestro deseo en una tablilla de madera que luego quemaron en la ceremonia del fuego. La lluvia ofreció un concierto en el desayuno y estrenamos futon y yukata, al más estilo tradicional. Practiqué la meditación Asokukam con un monje y recorrí un camino sumido en la más estricta oscuridad donde encontré una mariposa y me reconocí.
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Una mañana paseamos por el Templo de la Victoria en Osaka, la casa de los Daruma, los que ayudan a conseguir lo que deseas. Desplegué el papel de su interior y el I Ching sugirió esperar a que aparezca una solución natural. En el tronco del árbol de hojas rojas dejamos nuestro daruma para formar parte de las miles de historias de esperanza y perseveracion que inundan este templo. Otro se vino en la mochila con ganas de entablar amistad con The pilgrim stone.