Era de noche aún cuando la hospitalera abrió la ventana.
Ajustándose la mochila estaba la peregrina afortunada que, días antes, había conseguido habitación gracias a una cancelación de última hora. Al abrazarla le susurró al oído: «Tienes la casa para ti sola». Y la sonrisa de la hospitalera los acompañó hasta más allá de la Cruz de Ferro. Después de cerrar la puerta y ventilar las camas, encendió las velas, desplegó la esterilla frente al altar y comenzó a respirar lentamente.
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Una pareja de españoles puso dos lavadoras después de vaciar las maletas que acarreaban a diario. La peregrina checa nos dejó un legado de aprendizajes que enmarcamos en la habitación single. Los australianos recordaban fielmente el pueblo después de trece años de haberlo caminado. Unos turistas españoles se colaron un fin de semana y mostraron su agravio por el checkout tempranero. El peregrino irlandés quiso comprar la casa y cenó feliz con el alemán que había llegado en bici desde el Camino Mozárabe.
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A diferencia del año pasado, cuando llegó en taxi y con fiebre alta, este año lo hizo caminando junto a un sueño cumplido. Con el pelo más corto, aunque con la misma sonrisa. Se volvieron a abrazar mucho y compartieron conversaciones íntimas bajo mi estela. Ella preparó un ginger lemon y le pidió a la hospitalera la baraja de cartas. La tarántula y la abeja le indicaron el camino y sus obstáculos. A la cena se apuntó una profesora de yoga y el desayuno fue amenizado por una tormenta de truenos y granizos que alargó gratamente la despedida. «Hasta el año que viene, querida amiga».
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Los pocos niños que correteaban por la calle al atardecer volvieron a sus casas y el silencio brotó de nuevo en el pueblo. La hospitalera desplegó la esterilla y cerró los ojos. Cada día encontraba un tiempo para volver a su respiración. Los peregrinos también volvían: algunos al cabo de un año, otros después de trece, buscando aquello que un día encontraron sin haberlo buscado. Desde mi pedestal de piedra contemplé aquella extraña fortuna de tener un lugar al que volver. Yo llevo tanto tiempo aquí y, sin embargo, nunca he podido hacerlo.