274180862 10160518798596318 3554556718334393128 nHace un par de semanas que el aroma de la tranquilidad reboza los días. Los peregrinos llegan y marchan temprano sin desayunar, así que nuestro lunch volvió a su cauce, las sábanas dejan su marca en la piel y respiro hondo en la mat.

El cansancio marchó de vacaciones a tumbarse en una hamaca bajo una palmera de cualquier isla thailandesa. Decidí contrarrestar el climaterio con remedios ayurvedicos que equilibran el enredo hormonal del interior.
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Esa mañana preparé un par de bocatas y un bowl de fruta, yoghurt y granola. Tras pagar los dos euros de la entrada, Carles giró a la izquierda y yo a la derecha. Todos llevan gorro dentro del agua, me dijo apresurado al encontrarnos. Bajo la sombra de uno de los árboles más grandes abrimos la manta, montamos el picnic y casi que la siesta nos dejó sin postre. Un refrescante baño al despertar, algunos largos de piscina para recordar y la lectura de los caminos invisibles por Sudamérica. The day off.
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De vuelta a casa el cielo se tiñó de un azuloscurocasinegro y la lluvia limpió el Toyota del polvo acumulado. Circulamos por caminos rurales siguiendo la estela de los rayos de sol que atravesaban la densidad de las nubes. Exploramos una aldea donde cuatro mujeres sentadas al fresco en la entrada nos dieron la bienvenida informándonos que no había rastro de los lobos que tanto ansiábamos encontrar.
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Hace un tiempo que practico caer hacia atrás, ese instante de quedar suspendida en el aire, sostenida por las piernas con los brazos apuntando a un precipicio ficticio. El miedo persiste desde las profundidades y diluye al atrevimiento necesario. Estoy aprendiendo a sostener la frustración de cada huida, al inicio aplico una dosis de ternura para abrir las ventanas por donde la luz pueda colarse y disipar la oscuridad de mi ignorancia. Bendita sea la maga que alienta mi corazón en cada intento.