274180862 10160518798596318 3554556718334393128 nAunque el avión aterrizó un martes rozando la medianoche, no me sentí en Tailandia hasta el domingo a mediodía.

Las sandalias, entusiasmadas con la mudanza, hicieron piña con la ropa de baño e improvisaron un guateque sin los permisos tailandeses. En menos de media hora ya bailaban al ritmo del trópico con su humedad pegajosa. Mientras tanto, un ejército de virus japonés desplegaban sus futones en cualquier rincón de mi cuerpo. Encontraron la llave de la mucosidad y desfilé por la isla con un par de torrentes colgando de mis narinas.
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Nos alistamos a un island hopping y aproveché para limpiar profundamente las fosas nasales. Algún que otro virus decidió emanciparse bajo el mar y empezar una nueva vida junto a peces payasos, loros, ángeles y demás fauna marina feliz sin presencia humana. Bebí varios cocos para mantenerme hidratada tras seguir soltando mocos y lágrimas a dúo. El sunset relajó a mis huéspedes que fueron desvaneciéndose hasta desaparecer con el último rayo de sol.
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Una tormenta tropical nos recibió dos minutos después de llegar a casa, tras casi seis horas de van con ferry incluido. Seguimos las señales hacia la beach, saltamos varios charcos de agua, esquivamos un par de tuktuk y dos pintas de IPA bajo un frondoso árbol en la mismísima arena de la playa para celebrar el milagro de volver a sentirme. Al día siguiente rentamos una moto, que decidió abandonarnos a los diez minutos en plena subida. Tocó empujarla un buen rato hasta que nos recató un joven tailandés.
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La esterilla, olvidada pero digna, chistó un día para llamar mi atención: “Oye, sigo aquí”, dijo sacando la esquina desde su bolsa. Quise estirarla en la sala de yoga vecina, pero nuestros horarios estaban tan desalineados como mis chakras en plena gripe tropical. Siempre puedes volver a tu centro, dijo desenrollándose en la losa del bungalow, incluso si ese centro está lleno de mocos, con cansancio, sumergido en el caos; incluso si está sudado, con arena pegada al cuerpo y rodeado de palmeras bajo un calor húmedo. Inhala, exhala… y suelta, que para eso estas aquí.