274180862 10160518798596318 3554556718334393128 nSe volvió a colar en el listado de alojamientos de amarga memoria una habitación sin ventanas; aunque, en esta ocasión, la cama king size con almohadas dobles suavizó el sofoco.

Me despertó una llantina ligera con sabor a futuro, y fueron las palabras —al brotar con fuerza— las que desatascaron la presión en el esternón. Son tantos y tan diversos los motivos que orbitan mi espacio, que se vuelve difícil sostener esa inquietud perenne que siento clavada en los huesos.
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Antes de tomar el ferry público asalté un supermercado y llené el bolso de bebidas vegetales, un tarro de crema de chocolate, una bolsa de pipas y un repelente de mosquitos. El motor se apagó a los cinco minutos de navegación y pensé en volver a tierra. La comunicación proa-popa del barco se daba a través del famoso teléfono escacharrado. Junto a sacos de arroz, garrafas de agua, huevos, un par de frigoríficos, tres lavadoras, bolsas de cortezas, decenas de cajas de latas de conservas, bombonas de gas, sillas de plástico, etc. nos mantuvimos en vilo durante la hora y media de travesía.
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La lluvia arreció al desembarcar en la playa de arena negra donde nos esperaba una barquita con techo que navegó por los manglares hasta alcanzar el alojamiento, dentro del parque nacional. El lugar donde la selva se alza como una catedral viva y donde se escucha a los árboles brotar de la tierra. Son las palmeras, verdes y obstinadas, las que se inclinan ante una orilla herida que recoge todo lo que el mar devuelve y no le pertenece.
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Miles de botellas sin memoria, cientos de redes rotas con fantasmas atrapados, envoltorios que un día brillaron en el escaparate del supermercado, un casco de moto exhalando un dolor crónico y un chupachus esperando las manos de un niño. A su espalda, la selva vela en silencio y le murmura al océano: hermano, te envío ríos, lluvias y oxígeno, y tú me devuelves heridas envueltas en plástico desgastado. Quizás aún estemos a tiempo, si quienes caminan sobre mi recuerdan -aunque solo sea por un instante- que al cuidarte, también me cuidan a mí.